¿Tuve una vez, una juventud agradable, heroica, fabulosa, como para ser escrita sobre páginas de oro? ¡Demasiada suerte! ¿Por qué error, he merecido mi flaqueza actual? Vosotros, que pretendéis existen animales que lloran pena, enfermos que se desesperan, muertos que sueñan mal, probad de explicar mi caída y mi sueño. Yo no puedo explicarme mejor que como lo hace el mendigo con sus sempiternos Pater y Ave María. ¡Yo ya no sé hablar!
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